Ingredientes
- 2 tazas de arándanos frescos o congelados
- 1 taza de yogurt natural (puede ser griego o regular)
- 1/4 taza de miel o edulcorante al gusto
Instrucciones
- Preparar los arándanos. Si usas arándanos frescos, colócalos en un colador y enjuágalos bien con agua fría para quitar cualquier resto de polvo. Déjalos escurrir unos minutos. Si usas arándanos congelados, sácalos del congelador y déjalos reposar un momento para que se suavicen ligeramente; así será más fácil triturarlos y la mezcla quedará más uniforme.
- Triturar o licuar la fruta. Pasa los arándanos a una licuadora o a un procesador de alimentos. Comienza a triturar con pausas cortas si hace falta, raspando las paredes del vaso con una espátula para que no queden trozos atascados. La idea es obtener una base de arándanos bien molida, con textura de puré. Si te gusta el helado totalmente liso, tritura un poco más hasta que no se noten pedacitos; si prefieres sentir pequeñas notas de fruta, deja una textura apenas más rústica, pero siempre bien integrada.
- Incorporar el yogurt. Agrega la taza de yogurt natural a los arándanos triturados. Puede ser yogurt griego si buscas una sensación más cremosa, o yogurt regular si prefieres una textura más ligera. Mezcla de nuevo hasta que el yogurt se combine por completo con la fruta. En este punto, detente un instante para revisar la mezcla: debe verse homogénea, con un color violeta uniforme y sin “vetas” blancas de yogurt sin integrar. Si notas partes sin mezclar, licúa unos segundos más.
- Endulzar. Añade 1/4 taza de miel o el edulcorante que uses, siempre ajustando “al gusto”, tal como indica la receta. Mezcla otra vez para que el endulzante se reparta de manera pareja. Es importante que aquí pruebes la preparación: toma una cucharadita y decide si el dulzor te parece suficiente. Si quieres un sabor más dulce, ajusta con un poco más de miel o edulcorante; si te gusta más natural, déjalo tal cual. La clave es que el sabor te resulte agradable antes de congelar, porque el frío siempre atenúa un poco la percepción del dulzor.

- Verter en moldes o en un recipiente. Cuando la mezcla esté lista, viértela en moldes para helado si quieres porciones individuales, o en un recipiente apto para congelador si prefieres servir en bolas o cucharadas. Al llenar, hazlo con calma para evitar burbujas de aire grandes. Si usas moldes, procura que queden bien equilibrados para que se congelen de forma uniforme. Si usas recipiente, alisa la superficie con una espátula para que el frío actúe de manera pareja.
- Congelar. Lleva los moldes o el recipiente al congelador durante al menos 4 horas, o hasta que la mezcla esté completamente firme. Si estás usando un recipiente (en lugar de moldes), puedes mejorar la textura removiendo la mezcla un par de veces mientras se congela: saca el recipiente, mezcla con una cuchara o espátula para romper cristales de hielo y vuelve a congelar. Repetir este gesto ayuda a que el helado quede más cremoso al servir.
- Servir y disfrutar. Una vez firme, sirve el helado directamente. Si hiciste paletas, desmolda con cuidado: un truco simple es pasar el molde unos segundos por agua del grifo (sin mojar el helado directamente) para que salga más fácil. Si lo hiciste en recipiente, deja reposar unos minutos a temperatura ambiente antes de servir, así podrás formar porciones con más facilidad sin forzar la cuchara. Sirve en el momento y disfruta el contraste refrescante del arándano con la suavidad del yogurt.
Consejo de conservación
Guarda el helado en un recipiente bien cerrado dentro del congelador para mantener mejor su textura y su sabor. Si al día siguiente lo notas muy duro, basta con dejarlo reposar unos minutos antes de servir para que recupere una consistencia más agradable.