Gelatina de Queso Crema con Arándanos y Glaseado de Vainilla

Esta gelatina de queso crema con arándanos es un postre que combina delicadeza, frescura y una textura irresistiblemente cremosa. Su base suave, enriquecida con vainilla, envuelve el paladar con un sabor equilibrado y refinado. Los arándanos aportan un contraste natural ligeramente ácido que realza la dulzura de la crema sin opacarla. El toque final de miel, añadido justo antes de servir, proporciona un brillo atractivo y una presentación tipo vitrina que la convierte en una opción ideal para reuniones, celebraciones o como un postre especial para consentir a la familia.

Ingredientes

250 g de queso crema
300 ml de leche
300 ml de crema
110 g de azúcar
2 cucharaditas de vainilla
14 g de gelatina sin sabor
120 ml de agua
250 g de arándanos
2 cucharadas de miel (opcional, para brillo)

Preparación

Hidratar la gelatina

Comienza colocando los 14 g de gelatina sin sabor en un recipiente pequeño. Vierte sobre ella los 120 ml de agua a temperatura ambiente, distribuyéndola de manera uniforme para que toda la gelatina entre en contacto con el líquido. Deja reposar durante varios minutos hasta que absorba el agua y adquiera una textura esponjosa y firme. Este proceso es fundamental para que la gelatina se disuelva correctamente después. Una vez hidratada, caliéntala suavemente a baño maría o en intervalos muy cortos en el microondas, removiendo con cuidado hasta que se derrita por completo. No debe hervir. Reserva tibia para utilizarla más adelante.

Base cremosa

En un bol amplio, coloca los 250 g de queso crema. Es importante que esté a temperatura ambiente para facilitar el batido y evitar grumos. Añade los 110 g de azúcar y comienza a batir con una batidora eléctrica o manual hasta obtener una mezcla lisa y homogénea. Incorpora las 2 cucharaditas de vainilla y continúa batiendo para distribuir el aroma de manera uniforme.

Una vez que el queso crema esté completamente suave, agrega poco a poco los 300 ml de leche mientras sigues mezclando. Hazlo de forma gradual para que la mezcla mantenga su textura cremosa. Luego añade los 300 ml de crema también en pequeñas cantidades, integrando bien antes de cada nueva adición. El resultado debe ser una preparación fluida, sin grumos y con una consistencia uniforme.

Integrar la gelatina

Cuando la base cremosa esté lista y la gelatina se encuentre tibia y completamente líquida, comienza a incorporarla lentamente. Vierte la gelatina en forma de hilo fino sobre la mezcla mientras continúas batiendo de manera constante. Este paso es clave para asegurar que la gelatina se distribuya de forma pareja y no se formen hilos o zonas más firmes en el postre. Mezcla durante unos minutos adicionales hasta confirmar que todo esté perfectamente integrado.

Montaje con arándanos

Lava cuidadosamente los 250 g de arándanos y sécalos con suavidad para retirar el exceso de humedad. Coloca los arándanos en el fondo del molde elegido o distribúyelos en copas individuales si prefieres una presentación más elegante. Asegúrate de repartirlos de manera uniforme para que cada porción contenga una cantidad equilibrada de fruta.

Vierte la mezcla cremosa lentamente sobre los arándanos. Hazlo con cuidado, preferiblemente ayudándote con una cuchara para amortiguar el impacto del líquido y evitar que la fruta se desplace demasiado. La mezcla debe cubrir completamente los arándanos.

Refrigerar

Lleva el molde o las copas al refrigerador y deja reposar entre 6 y 8 horas, o hasta que la gelatina esté completamente firme al tacto. Este tiempo permite que la estructura se asiente y que los sabores se integren adecuadamente.

Antes de servir, añade un hilo fino de miel sobre la superficie si deseas aportar brillo y un toque extra de dulzura. Para desmoldar, si utilizas un molde grande, pasa ligeramente un cuchillo por los bordes y, si es necesario, sumerge la base del molde unos segundos en agua tibia para facilitar el proceso. Sirve fría y disfruta de su textura suave y su delicado contraste de sabores.

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