Este plato combina la suavidad de una pasta cremosa con el sabor profundo y aromático del pollo dorado en mantequilla al ajo. Ideal para una comida casera reconfortante, esta receta es sencilla de preparar pero lo suficientemente elegante como para servirla en una ocasión especial. El queso parmesano se funde con la mantequilla y el ajo, creando una salsa que envuelve delicadamente cada hebra de fettuccine. El pollo, jugoso y tierno, aporta proteínas y textura, mientras que el toque final de perejil fresco le da color y frescura.
Ingredientes
Para el pollo:
- 500 g de pechuga de pollo
- 4 cucharadas de mantequilla
- 3 dientes de ajo, finamente picados
- Sal al gusto
- Pimienta al gusto
Para la pasta:
- 250 g de fettuccine (o cualquier pasta larga)
- 1 taza de queso parmesano rallado
- Un puñado de perejil fresco, picado
- Agua y sal para la cocción de la pasta
Instrucciones
Paso 1: Preparar la pasta
Lleva a ebullición una olla grande con abundante agua y una cucharada de sal. Cuando el agua esté burbujeando con fuerza, agrega la pasta. Cocina según las instrucciones del paquete hasta que esté al dente, es decir, cocida pero aún firme. Durante la cocción, revuelve de vez en cuando para evitar que se pegue.
Una vez lista, escurre la pasta y reserva una taza del agua de cocción, que podría ser útil más adelante para ajustar la textura de la salsa. Deja la pasta tapada o cúbrela con un paño limpio para que se mantenga caliente.
Paso 2: Cocinar el pollo
Mientras la pasta se cocina, prepara el pollo. Limpia las pechugas si es necesario y sécalas con papel absorbente. Salpimienta ambos lados con moderación.
En una sartén grande, añade 2 cucharadas de mantequilla y ponla a fuego medio. Una vez derretida, agrega los dientes de ajo picados y cocina durante unos 30 segundos. El ajo debe liberar su aroma sin dorarse demasiado para evitar un sabor amargo.
Coloca las pechugas de pollo en la sartén. Cocínalas durante aproximadamente 6 a 7 minutos por cada lado, dependiendo del grosor. El objetivo es lograr una capa dorada en el exterior mientras se cocina completamente el interior. Una vez listas, retíralas del fuego y déjalas reposar unos minutos en un plato cubierto con papel de aluminio para que conserven su jugosidad.

Paso 3: Preparar la salsa de parmesano
En la misma sartén donde cocinaste el pollo, añade las 2 cucharadas restantes de mantequilla. Con el fuego a temperatura baja, deja que se derrita suavemente.
Incorpora la pasta cocida directamente en la sartén caliente. Añade el queso parmesano rallado en tandas, mezclando con movimientos envolventes para que se derrita e integre con la mantequilla. Si notas que la salsa está demasiado espesa o que el queso no se mezcla bien, añade un poco del agua de cocción de la pasta que reservaste. Esto ayudará a aligerar la salsa y a que se adhiera mejor a la pasta.
Remueve constantemente durante 2 o 3 minutos hasta que obtengas una textura sedosa y homogénea.
Paso 4: Montar el plato
Corta el pollo en tiras o en cubos, según tu preferencia. Puedes incorporarlo directamente a la pasta y mezclarlo, o bien colocarlo encima al momento de servir.
Sirve la pasta caliente en platos individuales, distribuyendo de forma equitativa el pollo por encima. Espolvorea con el perejil fresco picado para aportar color, frescura y un ligero toque herbal.
Consejos útiles
- Si prefieres una textura aún más cremosa, puedes añadir una pequeña cucharada adicional de mantequilla al final.
- El agua de cocción de la pasta contiene almidón, lo que ayuda a ligar la salsa sin necesidad de nata o ingredientes adicionales.
- Para obtener un resultado más sabroso, puedes marinar las pechugas con ajo y un poco de mantequilla unas horas antes de cocinarlas.
Este plato ofrece una experiencia equilibrada: la untuosidad de la salsa de parmesano, el sabor potente del ajo y la mantequilla, y la suavidad del pollo bien cocido hacen que sea un plato irresistible. Es una opción práctica y reconfortante para cualquier día de la semana, sin necesidad de ingredientes complicados ni técnicas sofisticadas. Con esta receta, comer en casa se convierte en un verdadero placer.