Albóndigas de lentejas al queso: nutritivas, sabrosas y con un toque cremoso

Estas albóndigas de lentejas al queso son una forma deliciosa de transformar una legumbre cotidiana en un bocado más especial. Por fuera quedan doradas y apetecibles, y por dentro mantienen una textura suave gracias a la mezcla de lentejas cocidas con verduras picadas y queso rallado. El comino aporta un aroma cálido y ligeramente especiado que combina muy bien con el sabor de la lenteja, mientras que el pan rallado ayuda a dar estructura para que puedas formar las albóndigas sin que se deshagan.

Lo mejor de esta preparación es que, con los mismos ingredientes, puedes terminarlas en el horno o freírlas en una sartén, según el resultado que prefieras: más ligero y uniforme al horno, o más crujiente y rápido al freír. En ambos casos, la clave está en trabajar bien la masa, ajustar la consistencia y darles forma con calma para que queden parejas y se cocinen de manera uniforme.

Ingredientes:

  • Lentejas (remojadas y cocidas)
  • Zanahoria (rallada)
  • Cebolla (finamente picada)
  • Ajo (picado o triturado)
  • Queso rallado
  • Comino
  • Pan rallado
  • Huevo
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite (para engrasar o para la cocción en sartén)

Instructions:

  • Prepara las lentejas (si no las tienes listas). Si estás usando lentejas secas, déjalas en remojo el tiempo necesario y después cuécelas hasta que queden bien tiernas. Escúrrelas con cuidado y deja que pierdan el exceso de humedad. Este punto es importante: si quedan demasiado húmedas, la mezcla se volverá blanda y costará formar las albóndigas.
  • Prepara las verduras. Ralla la zanahoria para que se integre fácilmente en la masa y aporte humedad sin dejar trozos grandes. Pica la cebolla lo más fino posible para que su sabor se reparta de forma uniforme. Haz lo mismo con el ajo: pícalo o tritúralo para que perfume la mezcla sin encontrarte pedazos grandes.
  • Mezcla la base. Coloca las lentejas cocidas en un bol amplio. Si lo necesitas para mejorar la textura, puedes aplastarlas ligeramente con un tenedor: la idea es obtener una masa que se compacte, pero sin convertirla en puré totalmente, para que el interior quede más interesante y con cuerpo.
  • Incorpora los sabores. Añade al bol la cebolla, el ajo y la zanahoria rallada. Suma el queso rallado y el comino. Mezcla con una cuchara o espátula, buscando que todo quede bien repartido antes de agregar los ingredientes que darán estructura.
  • Ajusta la consistencia. Agrega el pan rallado, la sal y la pimienta. Mezcla de nuevo, observando cómo cambia la textura: el pan rallado empezará a absorber parte de la humedad de las lentejas y las verduras, ayudando a que la masa se una.
  • Añade el huevo. Incorpora el huevo y mezcla hasta integrarlo por completo. El huevo es el “pegamento” de la preparación: ayuda a que las albóndigas mantengan la forma durante la cocción y queden firmes por fuera sin perder suavidad por dentro.
  • Reposo corto (recomendado). Deja la mezcla unos minutos en el bol para que el pan rallado termine de hidratarse y la masa se asiente. Este descanso facilita el formado y hace que las albóndigas queden más uniformes.
  • Forma las albóndigas. Con las manos, toma porciones de la mezcla y dales forma de bolitas del tamaño que prefieras, procurando que sean similares entre sí para que se cocinen de manera pareja. Si notas la mezcla muy pegajosa, humedece ligeramente las manos con un poco de aceite para trabajar más cómodo.
  • Opción horno: precalienta y prepara la bandeja. Precalienta el horno a 180°C. Engrasa una bandeja o la superficie donde vayas a colocarlas para evitar que se peguen. Coloca las albóndigas separadas entre sí, dejando un pequeño espacio para que el calor circule.
  • Hornea hasta dorar. Lleva la bandeja al horno y cocina hasta que las albóndigas estén doradas por fuera. A mitad de cocción, puedes girarlas con cuidado para que se doren de manera más uniforme. Retíralas cuando las veas firmes y con color apetecible.
  • Opción sartén: calienta el aceite. Si prefieres freírlas, calienta abundante aceite en una sartén grande a fuego medio. Es importante que el aceite esté caliente antes de añadir las albóndigas, para que sellen por fuera y no absorban demasiado aceite.
  • Fríe por tandas. Coloca las albóndigas con cuidado en la sartén sin amontonarlas. Cocínalas girándolas suavemente para que se doren por todos lados. Cuando estén bien doradas, retíralas y déjalas escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
  • Sirve. Sirve las albóndigas calientes o templadas. Recién hechas se disfrutan especialmente por el contraste entre el exterior dorado y el interior suave con el queso integrado en la mezcla.

Leave a Comment