Un brioche suave y esponjoso, con un corazón cremoso de queso crema mezclado con miel y un toque fresco de ralladura de limón. La masa rica y aireada se combina con el relleno sedoso, ofreciendo un contraste de texturas y sabores que lo hace perfecto para desayunos especiales, meriendas o postres festivos. Su aroma dulce y cítrico llena la cocina, y la miel extra al final realza la experiencia con un acabado brillante y delicioso.
Ingredientes (para 1 brioche grande o 10-12 bollos rellenos)
Masa brioche básica:
- 500 g de harina de fuerza
- 220 ml de leche templada (máx. 35°C)
- 80 g de azúcar
- 90 g de mantequilla blanda
- 7 g de levadura seca (o 20-25 g de levadura fresca)
- 2 huevos L (a temperatura ambiente)
- 8 g de sal (opcional, si no está incluida en tu mezcla base)
Relleno:
- 200 g de queso crema a temperatura ambiente
- 60 g de miel natural
- Ralladura de 1-2 limones grandes (solo la parte amarilla)
Acabado:
- Miel extra para el hilo final
- Opcional: huevo batido para pintar y almendra laminada o azúcar perlado
Preparación detallada:
- Activar la levadura:
Comienza templando la leche a un máximo de 35°C, asegurándote de que esté tibia y no caliente para no matar la levadura. Disuelve la levadura en un poco de leche con una cucharadita de azúcar y deja reposar entre 5 y 10 minutos hasta que empiece a formar espuma y burbujas, señal de que la levadura está activa. - Preparar la masa brioche:
En un bol grande, mezcla la harina, el azúcar y la sal. Haz un hueco en el centro y añade los huevos junto con la leche que contiene la levadura ya espumada. Comienza a mezclar lentamente incorporando la harina desde los bordes hacia el centro. Una vez integrada, añade la mantequilla blanda poco a poco, amasando bien después de cada incorporación. La masa debe quedar lisa, brillante y elástica, un poco pegajosa al tacto pero manejable. - Primer fermento:
Coloca la masa en un bol ligeramente engrasado y cúbrelo con un paño limpio o film transparente. Deja que fermente en un lugar cálido durante 75 a 90 minutos, hasta que doble su volumen y se vea aireada y suave al tacto. - Preparar el relleno:
Mientras la masa fermenta, bate el queso crema con la miel hasta obtener una mezcla homogénea, cremosa y sin grumos. Agrega la ralladura de limón y mezcla nuevamente. Si deseas facilitar el relleno más tarde, coloca la mezcla en una manga pastelera, lista para usar.

- Formar y rellenar:
Una vez la masa haya fermentado, desgasifica suavemente presionando con las manos para liberar el exceso de aire. Extiende la masa en un rectángulo grande, aproximadamente de 40×50 cm. Reparte el relleno uniformemente sobre la superficie, dejando un borde libre alrededor para sellar correctamente. Si prefieres bollos individuales, divide la masa en porciones, aplana cada una, coloca el relleno en el centro y cierra formando una bola bien sellada. También puedes enrollar desde el lado largo para hacer trenzas o rollos, asegurando que el relleno quede bien encerrado. - Segunda fermentación:
Coloca el brioche o los bollos en una bandeja con papel de horno. Cubre con un paño y deja fermentar nuevamente entre 60 y 75 minutos, hasta que la masa esté muy esponjosa y casi duplique su tamaño. - Pintado y acabado:
Precalienta el horno a 180°C. Antes de hornear, pinta la superficie con huevo batido para obtener un dorado brillante. Si deseas, espolvorea almendra laminada o azúcar perlado para un acabado decorativo. - Horneado:
Hornea durante 20-25 minutos, dependiendo del tamaño del brioche o de los bollos individuales, hasta que estén dorados de manera uniforme. Para un brioche grande, puede requerir unos minutos adicionales, vigilando que no se queme. - Enfriado y presentación:
Retira del horno y deja enfriar sobre una rejilla 10-15 minutos antes de servir. Para un toque final irresistible, añade un hilo de miel caliente por encima, que realza el sabor y da brillo al brioche.
Tiempo total estimado: 3-4 horas (principalmente fermentos)
Porciones: 10-12 raciones
Este brioche combina la suavidad de la masa con la cremosidad del queso crema, la dulzura de la miel y la frescura del limón, creando una experiencia aromática y deliciosa que se disfruta mejor tibia, recién horneada.