Un postre clásico, suave y reconfortante que se prepara con ingredientes simples y que encanta a grandes y chicos. Este flan de maicena no necesita horno ni baño maría: se cocina directamente en la olla y se refrigera. Ideal para quienes buscan una alternativa rápida, sin complicaciones y sin renunciar al sabor y la textura cremosa del flan tradicional.
Ingredientes
- 500 ml de leche (puedes usar entera para una textura más rica o semidesnatada si prefieres algo más ligero)
- 100 g de azúcar blanca
- 40 g de maicena (almidón de maíz)
- 2 huevos
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- Caramelo líquido (opcional, para el fondo del molde)
Instrucciones
- Preparación previa
Comienza reuniendo todos los ingredientes y utensilios que vas a necesitar: una cacerola de fondo grueso, un batidor de varillas manual, un bol mediano y un molde o recipiente donde verterás la mezcla al final. Si decides usar caramelo, colócalo en el fondo del molde antes de preparar el flan. - Disolver la maicena
En un bol, mezcla la maicena con una parte de la leche fría (aproximadamente 100 ml). Es fundamental que este paso se realice con la leche completamente fría para evitar grumos. Bate con una cuchara o unas varillas hasta obtener una mezcla homogénea y sin restos secos. - Calentar la leche con azúcar
En una cacerola, vierte los 400 ml restantes de leche y añade el azúcar. Lleva a fuego medio y remueve constantemente hasta que el azúcar se disuelva por completo. No dejes que hierva: la idea es calentarla lo suficiente para que se integre todo sin que llegue a ebullición. - Incorporar la mezcla de maicena
Baja el fuego al mínimo y añade poco a poco la mezcla de maicena disuelta, sin dejar de batir. La mezcla debe cocinarse lentamente para espesar sin formar grumos. A medida que vayas batiendo, notarás que la leche comienza a tomar cuerpo y se transforma en una crema suave y espesa. - Batir los huevos con la vainilla
En otro bol, rompe los huevos y bátelos ligeramente junto con la esencia de vainilla. El batido no debe ser agresivo, basta con integrar bien y romper la estructura del huevo. Esto aportará suavidad al flan y ayudará a que cuaje correctamente. - Templar los huevos
Antes de añadir los huevos a la mezcla caliente, es muy importante templarlos. Para ello, toma una o dos cucharadas de la mezcla caliente y agrégalas lentamente al bol con los huevos, batiendo de forma constante. Esto evita que los huevos se cocinen de forma abrupta, lo cual podría dar lugar a una textura arenosa.

- Incorporar los huevos a la mezcla principal
Una vez templados, añade los huevos batidos con vainilla a la cacerola. Hazlo lentamente y sigue removiendo con las varillas. Cocina unos minutos más a fuego bajo, sin dejar de batir, hasta que la mezcla espese un poco más. Debe quedar lisa, brillante y sin grumos, como una crema pastelera fluida. - Verter en el molde
Vierte la mezcla caliente en el molde preparado (con o sin caramelo). Asegúrate de alisar la superficie con una espátula si es necesario. Golpea ligeramente el molde sobre la encimera para eliminar posibles burbujas de aire. - Enfriar y refrigerar
Deja enfriar a temperatura ambiente unos 20–30 minutos. Luego, cubre el molde con film transparente o una tapa y refrigera durante al menos 4 horas. Lo ideal es dejarlo reposar toda la noche para que el flan adquiera una textura firme y sedosa. - Desmoldar y servir
Para desmoldar con facilidad, pasa un cuchillo fino por los bordes del molde. Luego, coloca un plato encima y voltea con cuidado. Si usaste caramelo, verás cómo cae lentamente sobre el flan, aportándole brillo y dulzura. Sirve frío, directamente del refrigerador.
Consejos finales
- Si deseas una versión aún más suave, puedes colar la mezcla antes de verterla en el molde.
- Para una presentación más elegante, puedes decorar con frutas frescas al momento de servir.
- Este flan se conserva en la nevera hasta 3 días cubierto, manteniendo su sabor y textura perfectos.