Galletas de Chía y Limón

Estas galletas de chía y limón son una opción casera con un equilibrio muy agradable entre lo crujiente y lo fresco. La chía aporta una textura característica y, junto con el limón, deja un sabor limpio y aromático que funciona muy bien para una merienda o para tener a mano como snack. La base se prepara con ingredientes sencillos: una masa que se bate primero para integrar bien la mantequilla con el azúcar (o edulcorante) y luego se completa con el huevo, el limón y los secos. Un detalle importante de esta receta es el reposo en frío, que ayuda a que la masa se asiente y sea más fácil de estirar y cortar antes de hornear.

Ingredientes

  • Harina
  • Mantequilla
  • Azúcar (o edulcorante)
  • Huevo (o sustituto vegano)
  • Ralladura de limón
  • Jugo de limón
  • Levadura
  • Semillas de chía
  • Una pizca de sal

Instructions:

  • Prepara el espacio de trabajo y los utensilios. Ten listo un bol amplio (o el recipiente de una amasadora si la usas), una espátula o varillas para mezclar, y una bandeja de horno. Así evitarás interrupciones cuando la masa ya esté en marcha.
  • Bate la mantequilla con el azúcar (o edulcorante). Coloca la mantequilla en el bol y añade el azúcar o edulcorante elegido. Mezcla y bate hasta que ambos se integren muy bien. Este paso es clave para conseguir una textura uniforme: busca que no queden “bolitas” de mantequilla separadas y que la mezcla se vea homogénea.
  • Añade el huevo (o sustituto vegano) y el limón. Incorpora el huevo (o su sustituto), luego agrega la ralladura de limón y el jugo de limón. Mezcla nuevamente hasta que todo quede bien repartido. Es normal que en este momento la mezcla pueda verse algo “rara” o como si se hubiera cortado por la acidez del limón; aun así, continúa mezclando con calma hasta que se vea lo más uniforme posible antes de pasar a los ingredientes secos.
  • Incorpora los ingredientes secos. Añade la harina, la levadura, las semillas de chía y la pizca de sal. Mezcla de forma progresiva para que se integren sin dejar zonas secas. Trabaja la masa hasta obtener una preparación homogénea, sin grumos de harina y con la chía repartida de manera pareja, para que cada galleta tenga la misma textura.
  • Forma la masa y refrigera. Cuando la masa esté lista, júntala en una sola pieza. Envuélvela bien en film y llévala al refrigerador durante 2 a 3 horas. Este reposo es importante porque ayuda a que la masa tome cuerpo y se endurezca lo suficiente como para estirarla y cortar las galletas con más facilidad.
  • Precalienta el horno. Cuando el reposo esté por terminar, enciende el horno y precaliéntalo a 180 ºC. Dejar el horno a temperatura antes de hornear ayuda a que la cocción sea más pareja y a que el tiempo de horneado se respete mejor.
  • Estira la masa en una superficie enharinada. Saca la masa del refrigerador, retira el film y colócala sobre una superficie ligeramente enharinada. Con un rodillo, estírala con movimientos firmes pero controlados, procurando mantener un grosor lo más uniforme posible. Si notas que la masa se pega, utiliza un poco más de harina en la superficie para poder trabajar sin romperla.
  • Corta las galletas. Cuando la masa esté estirada, corta las galletas con moldes o con un vaso. Ve retirando los recortes con cuidado y pasa las piezas a una bandeja de horno. Intenta que queden separadas entre sí para que se horneen de manera uniforme.
  • Hornea. Lleva la bandeja al horno precalentado y hornea durante 10 a 15 minutos. El tiempo exacto puede variar, así que vigila el horneado: la referencia es retirarlas cuando los bordes empiecen a dorarse. Esto te ayuda a conseguir un buen punto sin que se quemen.
  • Enfría correctamente. Al sacarlas del horno, déjalas enfriar sobre una rejilla. Este paso permite que terminen de asentarse y que conserven mejor su textura. Evita moverlas demasiado en caliente para que no se deformen.
  • Conservación. Una vez frías, guarda las galletas en un recipiente hermético para mantenerlas en buen estado. Si la masa te quedara demasiado líquida en algún momento del proceso, corrige añadiendo harina poco a poco hasta obtener una consistencia adecuada para formar y cortar las galletas.

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