Las patatas gratinadas son uno de esos platos irresistibles que combinan lo mejor de la cocina casera: sencillez, sabor y textura cremosa. Son ideales como guarnición para carnes o pescados, pero también se pueden disfrutar como plato principal gracias a su riqueza y contundencia. En esta receta, las patatas se laminan finamente y se hornean con una mezcla de leche, nata y queso rallado, lo que da como resultado una superficie dorada y crujiente con un interior suave y jugoso.
Ingredientes
- 4 o 5 patatas medianas (preferiblemente de tipo harinoso como Monalisa o Kennebec)
- 200 ml de leche entera
- 200 ml de nata para cocinar (35% de materia grasa)
- 100 g de queso rallado tipo emmental o gruyère
- 1 diente de ajo
- Sal al gusto
- Pimienta negra molida al gusto
- Nuez moscada al gusto
- Mantequilla para engrasar el molde
Instrucciones detalladas paso a paso
- Preparación previa de los ingredientes:
Comienza pelando las patatas y lavándolas bajo el grifo con agua fría para eliminar cualquier rastro de tierra. Una vez limpias, córtalas en rodajas finas, de aproximadamente 2 a 3 mm de grosor. Para obtener un corte uniforme, puedes utilizar una mandolina o un cuchillo afilado. Es importante que las rodajas sean de grosor similar para que se cocinen al mismo tiempo. - Preparar el molde:
Selecciona una fuente apta para horno, preferiblemente de cerámica o vidrio. Unta el fondo y los laterales con un poco de mantequilla para evitar que las patatas se peguen durante la cocción. Luego, frota el diente de ajo partido a la mitad por toda la superficie del molde. Este truco aporta un ligero toque aromático sin necesidad de añadir el ajo directamente a la mezcla. - Preparar la mezcla líquida:
En un bol o recipiente, vierte los 200 ml de leche y los 200 ml de nata para cocinar. Remueve bien con una cuchara o varilla hasta integrar. Añade sal al gusto, una pizca generosa de pimienta negra molida y un poco de nuez moscada recién rallada, que le dará un sabor característico y cálido al gratinado. Vuelve a mezclar bien para que las especias se repartan de forma homogénea. - Montaje del gratinado:
Coloca una capa de patatas en el fondo del molde, solapando ligeramente las rodajas entre sí. Vierte un poco de la mezcla de leche y nata sobre esta capa, asegurándote de que las patatas queden ligeramente cubiertas. Espolvorea una pequeña cantidad de queso rallado. Repite el proceso en capas sucesivas: patatas, mezcla líquida, queso rallado, hasta que termines con todos los ingredientes. Finaliza con una capa generosa de queso por encima, que se gratinará y formará una costra dorada. - Horneado:
Precalienta el horno a 180 °C (arriba y abajo, sin ventilador). Una vez alcanzada la temperatura, introduce la fuente en la parte central del horno. Hornea durante aproximadamente 50 a 60 minutos. El tiempo puede variar según el tipo de horno y el grosor de las patatas, por lo que se recomienda vigilar el proceso a partir de los 45 minutos. Para comprobar si las patatas están listas, introduce la punta de un cuchillo o un palillo en el centro del gratinado. Debe entrar con facilidad, lo que indicará que las patatas están tiernas. Si la superficie se dora demasiado antes de que las patatas estén hechas, puedes cubrir la fuente con papel de aluminio y retirarlo en los últimos 10 minutos para que se gratine bien por encima. - Reposo y servicio:
Una vez cocido, retira el gratinado del horno y deja reposar durante 10 a 15 minutos antes de servir. Este paso es esencial, ya que la mezcla se asienta y se compacta ligeramente, facilitando el corte y la presentación.

Consejos adicionales:
- Si deseas una textura aún más cremosa, puedes aumentar la proporción de nata y reducir ligeramente la leche.
- El tipo de queso influye mucho en el resultado final. Puedes usar una mezcla de emmental, mozzarella o cheddar para conseguir un sabor más profundo.
- Este plato se puede preparar con antelación y recalentar justo antes de servir. De hecho, muchos cocineros afirman que está aún más sabroso al día siguiente.
Las patatas gratinadas son una receta reconfortante y versátil, perfecta para los días frescos o como acompañamiento de una comida festiva. Su aroma al salir del horno es inconfundible, y su combinación de texturas —crujiente por fuera, cremosa por dentro— la convierte en un éxito asegurado en cualquier mesa.