Si buscas preparar una cena casera que combine simplicidad, sabor y buen equilibrio, estas pechugas rellenas de jamón de pollo y queso son ideales. Con ingredientes sencillos —pollo, jamón de pollo, queso—, obtendrás un plato jugoso, reconfortante y perfecto para compartir en familia o con amigos.
Ingredientes
- 4 pechugas de pollo deshuesadas y sin piel.
- 150 g de jamón de pollo, cortado en tiras o dados.
- 200 g de queso —preferentemente uno que funda bien, como mozzarella.
- 1 pimiento rojo, cortado en tiras finas (opcional, para aportar sabor, color y un toque de frescura).
- 2 cucharadas de aceite de oliva, para sellar las pechugas.
- Sal, pimienta y orégano al gusto, para sazonar.
- Pan rallado (opcional, si buscas un acabado crujiente extra).
Preparación
Preparar las pechugas
- Lava bien las pechugas bajo agua fría y sécalas cuidadosamente con papel de cocina. Esto ayuda a eliminar restos innecesarios de humedad y garantiza que el pollo se dore mejor al cocinarse.
- Si las pechugas no vienen aplanadas, colócalas entre dos capas de film transparente y, con un martillo de cocina o un rodillo, aplánalas con cuidado hasta lograr un grosor uniforme. Este paso es clave: facilita el relleno y asegura una cocción pareja.
Rellenar las pechugas
- Sobre cada pechuga ya aplanada, coloca primero una capa de jamón de pollo. A continuación, dispón encima el queso de forma uniforme —una o dos lonchas, según el grosor—. Si decidiste usar pimiento rojo, añade también las tiras de pimiento sobre el jamón o el queso para dar color, textura y frescura.
- Deja un pequeño borde libre alrededor del relleno. Esto es importante para que, al doblar la pechuga y cerrarla, el relleno no se salga al cocinar.
Sellar y cerrar
- Dobla la pechuga con cuidado, formando un “rollito” o paquetito de modo que el relleno quede bien encerrado. Si lo deseas, puedes asegurarla con palillos de cocina para que mantenga su forma durante la cocción. Otra alternativa —si tienes experiencia— es usar hilo de cocina para atarla firmemente, lo que garantiza que el relleno no se escape.
- Sazona por fuera con sal, pimienta y orégano al gusto. Luego, calienta el aceite de oliva en una sartén a fuego medio‑alto. Cuando esté bien caliente, coloca con cuidado las pechugas rellenas y dóralas ligeramente por ambos lados, unos 2‑3 minutos por lado. Este sellado ayuda a “cerrar” el relleno dentro y le da un color dorado apetitoso.
Hornear
- Mientras tanto, precalienta el horno a 180 °C. Engrasa ligeramente una bandeja de horno o cúbrela con papel de hornear.
- Coloca las pechugas ya selladas en la bandeja, asegurándote de acomodarlas bien para que no estén amontonadas. Si lo deseas y quieres un toque crujiente extra, puedes espolvorear pan rallado por encima de las pechugas antes de hornear.
- Introduce la bandeja en el horno y hornea durante 25 a 30 minutos, o hasta que el pollo esté completamente cocido en su interior —el queso debe estar fundido, y la carne no debe mostrar partes rosadas. Si te gusta un acabado más dorado en la superficie, puedes activar el grill los últimos 5 minutos.
- Una vez listas, retira del horno y deja reposar las pechugas unos minutos antes de cortarlas o servir. Este reposo permite que los jugos se redistribuyan en la carne, manteniendo el interior jugoso y sabroso.

Presentación y acompañamientos
Estas pechugas rellenas brillan cuando se sirven cortadas en medallones, de modo que revele el interior cremoso de queso y jamón. Acompáñalas con una ensalada fresca, arroz perfumado con hierbas, puré de papas suave o verduras al vapor —tu elección dependerá del estilo de comida que prefieras. Una bebida ligera como agua con limón o un té frío frutal puede realzar los sabores sin opacarlos.
Consejos y notas
- Para obtener un relleno jugoso, elige siempre pollo fresco y de buena calidad. Si las pechugas son gruesas, todavía mejor: habrá suficiente espacio para el jamón y el queso sin comprometer la textura.
- No sobrecargues las pechugas con demasiado relleno: demasiado jamón o queso puede dificultar el cierre y provocar que se salga al cocinar.
- Sellar primero en sartén antes de hornear ayuda a que el pollo mantenga su forma, y a atrapar los jugos dentro.
- Dejar reposar después del horneado es clave para conservar jugosidad. Si cortas el pollo inmediatamente, los líquidos internos pueden escaparse.
- Puedes preparar las pechugas con antelación: rellena, cierra y refrigera; cuando vayas a servir, sella y hornea. Esto puede ahorrarte tiempo si planeas una cena especial.
Con estos pasos cuidadosamente detallados, conseguirás unas pechugas rellenas de jamón de pollo y queso tiernas, jugosas y deliciosas. Es una receta sencilla, versátil y perfecta tanto para un almuerzo familiar entre semana como para impresionar en una cena con invitados. ¡Buen provecho!