Pollo con mantequilla al ajo y pasta cremosa al parmesano: una delicia casera reconfortante

Este plato combina la jugosidad del pollo dorado en mantequilla con los sabores intensos del ajo y la suavidad de una pasta cremosa al parmesano. Una receta perfecta para una cena casera, elegante pero muy fácil de preparar, ideal para quienes buscan un equilibrio entre lo sabroso, lo rápido y lo reconfortante.


Ingredientes:

Para el pollo:

  • 2 pechugas de pollo grandes, sin piel y deshuesadas
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 1 cucharadita de cebolla en polvo
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cucharadas de mantequilla sin sal

Para la salsa de mantequilla y ajo:

  • 3 cucharadas de mantequilla sin sal
  • 4 dientes de ajo, picados finamente
  • 1 taza de crema espesa
  • ½ taza de caldo de pollo bajo en sodio
  • ½ taza de queso parmesano rallado

Para la pasta:

  • 250 g de fettuccine o linguini
  • Agua con sal para cocer la pasta

Instrucciones:

1. Preparar el pollo:

Comienza lavando y secando bien las pechugas de pollo. Colócalas sobre una tabla de cortar y, si son muy gruesas, córtalas por la mitad de forma horizontal para obtener filetes más delgados que se cocinen de manera uniforme. Espolvorea por ambos lados sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo y pimentón dulce. Esta mezcla de especias no solo aportará sabor, sino que también ayudará a formar una costra dorada al cocinar.

En una sartén grande, calienta el aceite de oliva junto con las dos cucharadas de mantequilla a fuego medio-alto. Cuando la mantequilla se haya derretido por completo y comience a burbujear ligeramente, coloca con cuidado las piezas de pollo en la sartén. Cocina durante 4 a 5 minutos por cada lado o hasta que estén bien doradas por fuera y cocidas por dentro. Retira el pollo de la sartén y resérvalo en un plato, cubierto con papel aluminio para mantenerlo caliente.

2. Preparar la pasta:

Mientras se cocina el pollo, pon a hervir una olla grande con agua salada. Cuando el agua alcance el punto de ebullición, añade la pasta y cocínala según las instrucciones del paquete, generalmente entre 9 y 12 minutos. Cuando esté al dente, escúrrela y resérvala, guardando aproximadamente ½ taza del agua de cocción para ajustar la textura de la salsa si es necesario más adelante.

3. Hacer la salsa de mantequilla al ajo:

En la misma sartén donde se cocinó el pollo (sin limpiarla, para conservar los jugos y sabores), derrite las 3 cucharadas de mantequilla a fuego medio. Añade los dientes de ajo picados y sofríelos durante unos 30 a 60 segundos, removiendo constantemente para que no se quemen. El aroma será intenso y delicioso.

Agrega inmediatamente la crema espesa y el caldo de pollo. Remueve para integrar todos los ingredientes. Deja que la mezcla comience a hervir suavemente. Luego, baja el fuego y cocina durante 3 a 5 minutos, removiendo ocasionalmente, hasta que la salsa comience a espesar ligeramente.

Añade el queso parmesano rallado poco a poco, mezclando constantemente hasta que se derrita por completo. Si la salsa queda demasiado espesa, puedes añadir un poco del agua de cocción de la pasta que reservaste.

4. Integrar la pasta y el pollo:

Incorpora la pasta cocida directamente a la sartén con la salsa. Mezcla cuidadosamente para que la pasta se impregne completamente con la crema de parmesano y ajo. Corta el pollo cocido en tiras o rodajas, según tu preferencia, y colócalo sobre la pasta. Puedes mezclarlo completamente o dejarlo como guarnición sobre cada porción.

5. Servir:

Sirve el plato caliente, decorando con un poco de perejil fresco picado si lo deseas o un extra de queso parmesano al gusto. Este plato es una combinación ideal entre la cremosidad de la salsa, la textura suave de la pasta y el sabor intenso del pollo dorado. Acompáñalo, si gustas, con una ensalada verde o pan rústico para un almuerzo o cena completo.


Este pollo con mantequilla al ajo y pasta cremosa al parmesano es una receta sencilla pero cargada de sabor. Perfecta para una comida familiar, una ocasión especial o incluso una cena entre semana. La combinación de ingredientes básicos da como resultado un plato digno de restaurante que puedes lograr fácilmente en tu cocina.

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