Salsa de Ajo Cremosa

Ingredientes para la salsa de ajo casera

  • 4 dientes de ajo
  • 1 taza de mayonesa (puede ser mayonesa tradicional o una versión vegana)
  • Sal al gusto
  • Pimienta al gusto
  • 2 cucharadas de jugo de limón (opcional)
  • 1/4 de taza de aceite de oliva (opcional)
  • Perejil picado (opcional, para decorar)

La receta es intencionalmente flexible: puedes ajustar la cantidad de ajo si quieres que el sabor sea más potente, o moderarlo si prefieres algo más suave. Además, si deseas una versión menos pesada, puedes reemplazar la mayonesa por yogur griego natural o usar una mayonesa sin huevo. Si no tienes aceite de oliva, un aceite de sabor neutro (como aceite de girasol) puede funcionar también, aunque con un perfil ligeramente diferente.

Utensilios recomendados

  • Licuadora o procesador de alimentos para obtener una textura cremosa sin esfuerzo.
  • Espátula para aprovechar hasta la última gota de salsa del envase.
  • Recipiente con tapa para guardar la salsa en la nevera.
  • (Opcional) Un exprimidor de limón para aprovechar bien el jugo sin semillas.
  • (Opcional) Un mortero y mano si prefieres una textura un poco más rústica — aunque la licuadora facilita mucho el trabajo.
  • (Opcional) Un colador fino, si buscas una textura extra sedosa.

Contar con estos utensilios facilita enormemente la preparación, aunque lo esencial sigue siendo el cuidado y el cariño con que prepares tu salsa.

Instrucciones paso a paso

  • Pela los 4 dientes de ajo con cuidado. Una vez pelados, córtalos en trozos pequeños. Este primer paso puede parecer simple, pero es importante: si los trozos son muy grandes, la mezcla puede quedar desigual. Tener todos los ingredientes listos desde el inicio — ajo pelado y troceado, mayonesa, limón, aceite — te permitirá trabajar de forma fluida sin interrupciones.
  • Coloca los trozos de ajo junto con una pizca de sal en la licuadora o en el procesador de alimentos. Tritura hasta obtener una pasta uniforme. El objetivo es romper bien el ajo, liberar sus aceites esenciales y lograr que el sabor se distribuya de manera homogénea en la mezcla. Debe quedar casi como una pasta. Es importante no sobreprocesar: si mueles demasiado, el ajo puede liberar compuestos amargos, lo que afectaría el sabor final.
  • Añade la taza de mayonesa a la pasta de ajo triturado. Licúa o mezcla nuevamente hasta que la mezcla esté bien integrada y tenga una textura suave, cremosa y homogénea. Este es el momento en que la salsa empieza a convertirse en algo especial — la cremosidad de la mayonesa suaviza la potencia del ajo, equilibrando sabores. Si optaste por usar yogur griego en lugar de mayonesa, este es el momento de incorporarlo.
  • Si buscas una textura más ligera o un sabor con un toque cítrico, añade ahora las 2 cucharadas de jugo de limón y, si decides usar, la 1/4 de taza de aceite de oliva. Mezcla nuevamente hasta que todos los componentes estén bien incorporados. El aceite contribuye a una emulsión más fluida y fácil de untar, mientras que el limón aporta frescura y un leve toque ácido que contrasta con la intensidad del ajo.
  • Prueba la salsa y ajusta la sazón: añade sal y pimienta al gusto. Este paso es crucial: cada cocina y cada paladar son diferentes. Si te gusta un sabor de ajo más potente, puedes incluso añadir un diente de ajo extra y mezclar de nuevo. Ten en cuenta que la salsa tenderá a intensificar su sabor mientras reposa, así que ajusta con moderación.
  • Transfiere la mezcla a un bol o a un recipiente con tapa. Si quieres una presentación más atractiva — ideal para servir en reuniones o para acompañar platos especiales — espolvorea perejil fresco picado por encima. El verde aporta frescura visual y aromática, y combina muy bien con el blanco cremoso de la salsa.
  • Guarda la salsa en la nevera al menos 30 minutos antes de servir. Este reposo en frío no es un detalle menor: permite que los sabores se asienten, que la textura se estabilice y que la emulsión termine de formarse. La diferencia al cabo de media hora será notable — la salsa estará más cremosa, sabrosa y los sabores más integrados.

Consejos para que salga perfecta

  • Emulsiona lentamente: si usas aceite, agrégalo poco a poco mientras mezclas. Esto ayuda a que la mezcla se mantenga homogénea y evita que la salsa se “corte”.
  • No sobreproceses el ajo: un exceso de batido puede generar amargor o afectar la textura. Solo necesitas triturar hasta que quede una pasta uniforme.
  • Deja reposar la salsa: aunque puede tentarte servirla de inmediato, 30 minutos de refrigeración mejoran mucho el sabor y la textura.
  • Usa ingredientes frescos: especialmente con el ajo — los dientes frescos, firmes y sin brotes verdes ofrecen sabor más vibrante; los secos o con brotes verdes pueden dar un sabor algo desagradable o amargo.
  • Si deseas una versión más suave de la salsa — perfecta si la vas a servir a personas que no son amantes del ajo crudo — puedes asar los dientes de ajo previamente en el horno a 180 °C durante unos 15 minutos. Al asarse, el ajo se carameliza ligeramente, su sabor se vuelve más dulce y suave, ideal para dips suaves o salsas más delicadas.

Conservación

  • Si la vas a consumir en el momento, puede permanecer a temperatura ambiente solo durante el tiempo necesario del servicio (no más de 1 o 2 horas), especialmente si hiciste una versión con base de mayonesa o yogur.
  • Para conservarla por varios días, guárdala en un frasco hermético en la nevera. Bien tapada, la salsa se mantiene perfectamente entre 3 y 4 días. Con el tiempo, su sabor puede intensificarse un poco, lo cual muchos encuentran deseable.
  • No se recomienda congelarla: salsas con mayonesa o yogur suelen separarse al descongelarse, perdiendo textura y sabor. Si necesitas prepararla con antelación, es mejor hacerla uno o dos días antes y mantenerla en la nevera hasta el momento de usarla.

Para qué sirve

Esta salsa de ajo casera es un comodín en la cocina. Combina muy bien como acompañamiento de carnes, verduras, papas al horno, como dip para crudités o snacks, para untar en panes o sandwiches, o para darle un toque especial a platos fríos o calientes. Además, gracias a su sencillez y su sabor intenso pero equilibrado, es ideal para reuniones informales, cenas familiares o como aderezo diario.

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